El caso en cifras
Estos son los datos que tenemos, y los que no.
| Dato | Valor |
|---|---|
| Fecha | 26 de septiembre de 2026 |
| Invitados | 26, de varios grupos que no se conocían |
| Dónde | Una casa con jardín |
| Misiones por carta | 12: tres para todos, siete recomendadas y dos personales |
| Niveles y jefes | 4 niveles (Brote, Flor, Fruto y Luna) y 4 jefes |
| Meta común | 100 pegatinas, contadas en voz alta al final de la tarde |
| Lo que no medimos | Misiones por persona, quién llegó a Luna, si se llegó a las 100, cuánto duró |
Contexto y reto
Lo organizamos nosotros, en una casa con jardín, con 26 personas de varios grupos que no se conocían entre sí. El objetivo era sencillo: que cada uno se fuera habiendo hablado de verdad con alguien a quien no conocía.
El reto era el mismo que tiene una boda a pequeña escala. Los invitados solo tienen en común a quien les ha invitado, y a nadie le gusta que le obliguen a presentarse en voz alta o a quedar en ridículo. Queríamos un juego que corriera solo toda la tarde y que dejara pasar a quien no quisiera jugar.
Qué se hizo



Montamos tres piezas: un juego de misiones con una carta por invitado, un árbol en la pared que se llenaba de pegatinas y una partida de The Mind. La principal era el juego de misiones.
Cada invitado tenía una carta con su nombre y tres misiones obligatorias: hablar cinco minutos con alguien que no conocía y apuntar algo que le hubiera contado, jugar The Mind y contarle algo suyo a alguien de otro grupo. Había siete recomendadas, iguales para todos, y dos personales, distintas en cada carta. Una era de conocer a alguien: «Habla con X. Os he querido juntar porque… Luego dime si acerté».
Cada misión hecha era una pegatina en un árbol de papel colgado en la pared, que era de todos. Con las misiones se subía de nivel (Brote, Flor, Fruto y Luna) y cada nivel daba algo. Había cuatro jefes con una pegatina verde, a los que se vencía acertando un acertijo y pasando una prueba. La meta común era llegar a cien pegatinas y contarlas en voz alta al final de la tarde.
The Mind, la tercera pieza, se jugó en gigante, por equipos de cinco y con reglas de la casa. El juego lo explicamos en 40 segundos con todos sentados. Nada obligaba a jugar, y nadie comprobaba nada: el árbol contaba por honor.
Resultado
Funcionó muy bien. La gente que no se conocía lo agradeció mucho: el juego les dio una razón para ir a hablar con alguien nuevo. Lo que mejor funcionó fueron las misiones, y en especial las personales. El árbol y The Mind funcionaron también.
La única cifra de resultado que damos es la que tenemos: 26 personas. No apuntamos cuántas misiones hizo cada uno ni cuántos llegaron al último nivel, y no sabemos si se llegó a las cien pegatinas, así que no os damos ese número. Como ejemplo de juegos para bodas es una prueba real, pero pequeña, y no de una boda.
Qué haríamos distinto
Contaríamos todo. Apuntaríamos las misiones de cada persona, cuántos llegan a cada nivel y cuánto trabajo da el juego, porque sin esos datos no podemos prometer nada a 120 personas.
Y no copiaríamos el cumpleaños tal cual a una boda. Allí éramos 26 en un jardín, con la tarde entera por delante. En una boda hay mesas, cena y 120 personas: el mural se reparte por mesas, las misiones de la cena pasan a ser de mesa y el recuento se hace antes del primer baile. Todo eso está diseñado, no probado.
